Dos hombres y un destino. Pantera Negra decidió abandonar su reinado en la pequeña Wakanda y aspirar a algo más: ser el césar de Metrópolis. No lo tiene fácil, frente a él está la pequeña y aparentemente débil (¿o aparentemente fuerte?) Medusa, de la familia de los Inhumanos.
La primera vez que vi a Pantera Negra en la televisión estaba dando un mitin subido a una tarima de madera, algo cutre, delante de un grupo de apenas dos centenares de personas. Un poco forzado, poco natural, prometía a sus seguidores un importante gesto en el mundo metropolitano: dejar de fumar. Los compañeros reporteros le presentaban como un pequeño iluso condenado a caer en la melena de Medusa.
Han pasado unos meses y Pantera Negra está por delante de Medusa, y casi todos los compañeros reporteros metropolitanos están a su lado. Bien por él, por haberse ganado el difícil mundo de Metrópolis, por su color de piel, por lo que representa, por no llamarse John/George/William/Ronald, y por su herencia africana. Bien por ser un luchador, por no dejarse llevar por las iniciales predicciones pesimistas. Me gustaría poder elegir pero...
...la cuestión es que no podré hacerlo en Metrópolis, sino en Minípolis, donde vivo. Aquí también se acerca el momento de elegir. Otros dos superhéroes se enfrentan en dura pugna: Namor y Doctor Muerte. Namor, a veces demasiado encerrado en su mundo acuático, vuelve a salir a la superficie para ayudar a los 45.000.0000 Fantásticos que habitan Minípolis. Sí, digo ayudar, y digo bien; los que nos da igual la patria, la bandera, la sexualidad, la iglesia, el color de la piel o el país de origen pensamos que ha ayudado. Otras veces se ha quedado corto y ha replegado las orejas para no oírnos pero... Doctor Muerte está siempre encerrado en su castillo de Latveria, rodeado de poderosos a los que someterse y hacer la pelota. La máscara de hierro que oculta su verdadera cara debió hacérsela su padre, el demonio Von Doom. Quiere hacer un visado por puntos, hacer que una pareja de hombres/mujeres no puedan cuidar de un niño, preocuparse por que todos los edificios luzcan una bandera... ¿quizá del tamaño de la que quita el sol en Colon Square?
Yo tengo claro qué voy a elegir. Espero no ser la única que disfrute del mar.
"Y ahora que se cae el muro/ya no somos tan iguales/tanto vendes, tanto vales/
¡viva la revolución!"
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2 comentarios:
Yo siempre he apostado por Pantera Negra (no como otros advenedizos que se apuntan ahora al carro), siempre he pensado que era un gran tipo y que el mejor papel de Medusa era estar al lado de Rayo Negro, ese hombre silencioso, pero que cuando habla destruye Sarajevo o cobra 350.000 dólares por conferencia (o algo similar). También votaré a Namor, que aunque sea un poco esquizofrénico siempre será mejor que el Doctor Muerte, con todo lo que oculta debajo de su máscara, que aparte de cicatrices seguro que tiene miles de secretos de su maestro el tarado.
P.D. I love English and specially American English, so soft, so nice and so easy to understand.
Yo, hace mucho que nací, pero tarde para que me cogiese el orgullo americano de posguerra. Me da igual quién gana quién gobierne, lo veo lejano y absurdo. Además soy jefe, y los jefes no hablamos inglés, somos torpes. Los jefes pequeños caen en el error de creerse grandes y se comparan con los poderosos y piensan que Doctor Muerte es el idóneo. Ni Namor ni Doctor Muerte, quién dirige, quienes mueven los hilos están ocultos en su cueva, detrás de su poder económico y ambiciones. Los dos son títeres desde hace 200 años de las mismas personas, de la misma oligarquía que no ha cambiado, que no ha sucumbido porque en este país, en este trozo de terreno al sur de Europa no hubo revolución, ni social, ni industrial. Viva el silencio, viva la gente anónima, viva la gente que día a día ayuda, protege y aporta su grano de arena para que, hace 40 años algunos hablasen del milagro económico franquista y ahora hablen del mejor ciclo de la historia. Sin los anónimos, sin los inmigrantes, sin los que se duermen en el metro a las seis de la mañana, sin los que se enfadan porque sus jefes no saben inglés, sin los que escriben a las siete de la mañana, sin ellos, Namor y Doctor Muerte no serían nada.
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