Me pregunto yo si ese comportamiento les hará felices. Visten su ropa de sedas, rasos y terciopelos; caminan erguidos rozando la altivez; sus bocas se llenan de sonrisas extremas y de palabras cordiales. Son una clase que, con ese protocolo, se sienten superiores. Eso pensaba yo el miércoles pasado, mezclada en ese mundo, analizándolo con mi mente arácnida.
Todo es una gran comedia en la que cada uno juega un papel: el soberbio militar, el todopoderoso cura, los padres abnegados, los hijos supuestamente modernos, los amigos revolu-reac-cionarios. Hombres y mujeres mezclados, el cuchillo y el tenedor adecuado, la manera de tomar una crema, el silencio ante las palabras del sacerdote, menudas gilipolleces.
En el fondo no se dan cuenta de que son esclavos de su propia clase social. Son esclavos de las palabras y de los gestos; de las actitudes, las miradas y los gestos. Las clases más altas son las más esclavas.
"Los primeros serán los últimos en el reino de los cielos".
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1 comentario:
No hay clases esclavas, solamente hay estúpidos. Estúpidos y cobardes. Cobardes por no salir de la estupidez. Estúpidos porque pierden la evolución. Estúpidos por no ser revolucionarios y porque confunden los principios con el inmovilismo
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